viernes, 11 de enero de 2019

Regreso a Howards End (After hours)


En bastantes ocasiones, sobre todo cuando mi hija me cuenta de sus fiestas nocturnas, me da por pensar que daría lo que fuera por volver una noche, aunque solo una fuera, a aquellos años mozos en los que tan absolutamente bien me lo pasaba. Y a veces, al decirlo en voz alta, alguien a mi lado apuntilla: “Pero sabiendo lo que sabemos ahora”. Mi respuesta es la que llevo a cabo desde que tengo uso de razón cuando me encuentro con una opinión disparatada, frunzo el ceño y niego con la cabeza 180 grados (los 360 los dejo para titulares políticos)

El caso es que si algún genio me concediera ese improbable deseo, quisiera ser exactamente igual que antaño, porque de saber lo que la experiencia me ha dado, la sensatez, la responsabilidad y el miedo, no me hubiesen dejado disfrutar de las locuras, aventuras y un largo etcétera de hazañas. Y es que la juventud ha de tener ese toque de locura, de intrepidez e imprudencia para poder pasar a tu historia como los mejores momentos de tu vida.

Reconozco que me suben los colores cuando recuerdo mis madrugadas en unos cuantos rincones de la geografía española (en particular la barcelonesa y la mallorquina) y voy a omitir entrar en detalles porque en primer lugar hay vergüenzas que no prescriben y en segundo no quisiera dar ideas a Pat y sus amigos sobre qué situaciones te pueden llevar a crear momentos épicos y apoteósicos. No, porque mi papel ahora es el de recordarle casi constantemente (un buen amigo me dijo que una madre tiene la obligación de ser pesada) que se tape, que si bebe no conduzca, que no cate copas ajenas, que ojo con la promiscuidad, que no se meta en primera fila en los conciertos, que lo de probar no es obligación y que se lo pase teta con cuidadín.

Pero no me digan que volver, regresar una noche a esa emoción de maquearse de lo lindo y que en la puerta te esperen los amigos, de recorrer los bares y ligar a mantas, de reír hasta desencajar la mandíbula, de esperar de la vida lo mejor de lo mejor sin miedo a resacas ni a ardores, sin más responsabilidad que aprobar con un 5 pelado, de devorar la noche hasta la hora de los churros, de no tener que pagar más factura que la del cubata, de que tu pandilla sea el centro del universo y de caer en la cama extasiado cuando el periódico y el pan están calientes, no sería como un chute de adrenalina para aumentar y adobar esa viva complacencia llamada ilusión.

¿Hace una fiestuki? 

18 comentarios:

  1. Pesismista convencido11 de enero de 2019, 15:17

    Si encuentras al genio que te devuelva por una noche a aquella época avisa que voy contigo, me da mucha nostalgia pensar en lo feliz que era y lo que significaban los amigos, algunos de los cuales se quedaron por el camino. Cuando pasas de los 50 parece que ya nada de nada es lo mismo por eso entiendo muy bien lo que dices de volcver aunque solo fuera una noche a todas aquellas ilusiones. Es genial el dibujo ;)

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    1. Tiene su qué soñar con imposibles, es curioso porque no crea la ansiedad que sí da el soñar con posibles (de esto ya hablaré en algún post) Me contestaba un amigo en facebook que "lo que vivimos y lo que sobrevivimos" y ahí le ha dado de pleno. Pero no valen nostalgias, Pesimista, o bueno, que sean muy efímeras... gracias :)

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    2. pesimista convencido11 de enero de 2019, 20:27

      Esperaremos ansiosos el desarrollo de soñar con imposibles. Buen fin de semana a todos los jóvenes de espíritu :D :D :D

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  2. Pues yo me quedo como estoy , de manera técnica , retirado de las juergas , y paso de rememorar .
    Eso no significa que haya dejado de trasnochar .

    Feliz finde

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    1. Me temo que todos nos vamos a quedar como estamos, y eso no significa que estemos mal, solo se trataba de imaginar/nos por una noche con unas décadas menos y unas ganas de más. Pero lamparitas maravillosas como que no hay.
      Pues feliz finde también para ti y que nos quiten lo bailao, jaja :)

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  3. lo que me parece es que si la lamparita existiera igual no te conformabas solo con una noche mas.

    pero ya sabemos que todavía no está inventada, y que nos queda el dulce sabor del recuerdo. El de saber que en su momento aprovechamos el tiempo.

    y -lo mejor, lo recomendable- que seguimos aprovechandolo, de otra manera. No peor, solo diferente.

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  4. Qué bien dicho, Guille. Lo importante ha de ser echar la vista atrás y poder darte cuenta de lo mucho que ha valido la pena. Así que hagamos ahora todo lo mejor para que cuando dentro de otras décadas recordemos este presente, podamos querer volverlo a vivir.

    Oh. Perezco Coelho, qué horror! Jajaja. Gracias! ;)

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  5. Espera a llegar a Navia. Luego hablamos.

    Gracias.

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    1. Miedo me da, pero tengo 6 meses para mentalizarme. Si es que no fui pq no estaba Martin mon amour (jijiji)

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  6. https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=2309332212423941&id=100000415546139

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    1. Juncal, no se abre ningún enlace, tampoco en face... a ver si me lo puedes pasar por messenger.

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    2. Te lo traduzco 🙂
      Es el " cuéntame al oído " de la oreja de Van Gog.
      Porque es una época que por circunstancias no viví . Me la salté, Gemma

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    3. Pues este verano en Gijón, lo petamos. Te vas a enterar ;)

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    1. Cada tanto tiempo regreso para ver cómo va tu medicación y si progresas adecuadamente. La respuesta siempre es negativa. Y sin embargo te quiero.
      PD: Ya tienes el gallinero revolucionado. Las ratifans me odian. Jajaja

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  8. Quién necesita de un genio con una lámpara mágica? Yo propongo un kilo de maquillaje, unas botas altas, y a triunfar! Eso no tiene edad, es un cuento chino... de viejas!

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    1. Qué dius ara, nena?? Ahora no me voy a encontrar con los yogurines que me comía entonces, son todo viejos (y viejas like me) con preocupaciones y achaques y mucho machaque bajo ese kilo de maquillaje. Yo quiero tener 20 años por una noche, no disfrazarme con 51 para no poder ni moverme the after morning.
      PD: Claro, como tú tienes 14 tacos menos que yo...

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